Cuando pensamos en el sector funerario, es difícil imaginar que una de sus principales características es la creciente presencia de jóvenes. Conformado por disciplinas como la tanatopraxia (embalsamamiento) y la tanatoestética (maquillaje de cadáveres), este mundo sombrío y sereno ha capturado el interés de una generación que encuentra en la muerte un camino profesional lleno de propósito.
El Auge de la Juventud en el Sector Funerario
Ángel A., responsable de comunicación del Instituto Español Funerario (IEF), asegura que alrededor del 80% de los alumnos que se forman en sus aulas son jóvenes, destacando además la impresionante cifra de un 90% de mujeres dentro del alumnado. Aunque pueda parecer sorprendente, cada vez más personas entre los 16 y 35 años ven en este sector una oportunidad para desarrollarse profesionalmente. “El mercado está en auge, con centenares de alumnos por toda España”, comenta Ángel, quien también subraya la solidez mental que requieren estas profesiones.

Enfrentarse a la Muerte: La Primera Experiencia
Aroa, una joven de Valencia nacida en 1998, relata su primer contacto con un cadáver de una forma que no deja indiferente. “Me olía el pelo, la funda del móvil… es un olor que se pega”, comenta, refiriéndose a su experiencia inicial en el Instituto Español Funerario. La joven, que al principio estudió Derecho y Criminología, terminó abandonando esa carrera para seguir lo que verdaderamente la apasionaba: el mundo de los difuntos.
En su primer caso, una necropsia a un bebé fallecido, Aroa recuerda la experiencia como “peculiar” debido a las condiciones del cuerpo, pero encontró en ese momento una confirmación de que este era su camino. Sin embargo, no todos en su círculo comprendieron su decisión. “Pudiendo estudiar otra cosa, ¿por qué quieres ver gente fallecida?”, le cuestionaban sus amigos y familiares.
La Muerte como Vocación desde el Principio
Guillermo, por su parte, siempre lo tuvo claro. Desde pequeño sintió una atracción por la muerte, algo que su familia comprendió y aceptó sin dificultades. Su dedicación al sector funerario ha sido más que una carrera; es una vocación. “Mi familia lo entendió”, señala, explicando que siempre sintió una especie de fascinación por lo inevitable del fin de la vida.
La Fortaleza Mental: Un Requisito en el Sector Funerario
Para muchos jóvenes, como José, de Almería, el camino hacia el sector funerario no estuvo libre de dudas. “Me decían que no iba a ser capaz porque de pequeño era muy miedoso”, comenta José, que a sus 19 años ya se enfrenta a labores como la recogida de difuntos y el acompañamiento de los familiares en momentos tan delicados. Sin embargo, lejos de amedrentarse, encontró en este trabajo un propósito que le llenaba: “Lo mejor es cuando la familia del difunto te agradece el trabajo hecho”, afirma con una mezcla de humildad y satisfacción.
Al mirar por primera vez a un cadáver, José recuerda no poder apartar la vista. Es un trabajo donde no hay espacio para el uso de modelos o simulaciones; todo es real, y esa realidad demanda respeto y compasión. “Un funerario tiene que estar disponible las 24 horas. La muerte no descansa”, añade Ángel A., reflejando la dedicación total que requiere esta profesión.

Un Futuro Silencioso pero Prometedor
El sector funerario, lejos de ser un destino sombrío, se ha convertido en una opción prometedora para los jóvenes que buscan un trabajo con significado. Tanto Aroa como Guillermo y José han encontrado en este mundo la posibilidad de brindar apoyo en los momentos más oscuros de la vida de una persona. Y aunque la muerte nunca será un tema fácil, aquellos que deciden hacer carrera en este sector lo hacen con un profundo sentido de respeto y servicio.
Este crecimiento en la juventud dentro del mundo funerario demuestra que, más allá de las apariencias, trabajar en este ámbito es mucho más que lidiar con la muerte: es ayudar a los vivos a despedirse de sus seres queridos de la manera más digna posible.
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